Ariel Ameijenda
Una vida dedicada al sonido
Nació en Montevideo en 1963, hijo del guitarrero Manuel Ameijenda. Empezó ayudando en reparaciones a los catorce años, junto a su padre, y en 1987, a los veinticuatro, abrió su propio taller.
«La belleza de la guitarra es el sonido.»
A los diecinueve entró en la universidad para estudiar Musicología, con especial atención a la acústica y a la historia de la música: dos materias que siguen guiando su forma de construir. En el taller familiar pasaban por sus manos guitarras de Hauser, Enrique García, Domingo Esteso, Simplicio o Santos Hernández para reparación, un aprendizaje directo del trabajo de los grandes maestros.
Busca instrumentos equilibrados, de agudos cristalinos y resonantes, y bajos con cuerpo. Sigue el método tradicional de construcción, pero con una impronta propia, producto de sus cuarenta y cinco años ininterrumpidos construyendo e investigando. Hoy trabaja frente al mar, en Piriápolis, en un ambiente climatizado. Sus guitarras se tocan en más de treinta países y se exhiben en las principales galerías del mundo.
Un oficio que se hereda
Dos generaciones en una misma línea de trabajo, desde Barcelona hasta la costa de Maldonado.
El taller de Fleta
En el taller de Ignacio Fleta, en Barcelona, se formó a comienzos de los cincuenta el luthier Juan Carlos Santurión. Por esa vía llega a Manuel Ameijenda la escuela catalana, una de las dos que hoy sigue Ariel.
Manuel Ameijenda
Abrió su taller en 1957 y lo compartió con José López Cubillo, primer oficial del taller de José Ramírez II en Madrid y verdadero maestro de Manuel: vivieron y construyeron guitarras juntos. Por él entra la escuela madrileña, que en esa misma mesa de trabajo confluye con la catalana de Fleta.
El taller de hoy
En Maldonado, frente al mar, donde construye de a una guitarra por vez.
El método
La madera
Palosanto, Uruguayan Blackwood, jacarandá de Bahía, cedro, alerce. Lo decisivo no es solo la especie: es el corte de cada tabla y los años que lleva secándose.
La tapa
Es el corazón del instrumento. El trabajo fino está en el bombeo y en el domado de la tapa, más que en cualquier medida que se pueda escribir.
El lustre
Lustrado con goma laca a muñeca, al modo español: un recubrimiento finísimo que protege la madera sin ahogar su vibración.
El tiempo
«Un mes de trabajo por guitarra. Si empleara menos, estaría mintiéndole al instrumento y a mí mismo.»
«Cada roseta, cada filete, hecho a mano.»
Sus guitarras en el mundo
Del taller de Piriápolis a las galerías y festivales donde se escuchan sus instrumentos.
Guitar Salon International
La galería de Los Ángeles lo representa en Estados Unidos.
Kurosawa Gakki
Sus guitarras también llegan a Japón a través de Kurosawa.
Imaginemos la tuya
Cada encargo empieza con una charla. Entender tu forma de tocar es el primer paso para construir tu guitarra.